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| Mario Maya |
Cordobés de Granada, sin avisar y de forma imprevisible, partió hacia un largo viaje uno de los artistas más representativos de la escena flamenca. Coreógrafo, bailarín, un grande. Doña Pilar López fue quien se dio cuenta enseguida que podría hacer algo importante, Mario apenas era un niño y comenzó a triunfar de la mano de su maestra en los principales teatros del mundo. Ética, estética, rigor, disciplina... Todo aquello que aprendió de Doña Pilar se convirtió en la principal base del artista desde sus comienzos. Fue uno de los tres grandes discípulos de la más grande, junto a Antonio Gades y El Güito. "Mis niños", así lo decía ella.
Tardaría poco el joven Maya en establecerse en Nueva York, donde unió la sabiduría ya heredada de Doña Pilar con las tendencias americanas de la danza junto a su maestro en esta nueva etapa, Alwin Nikolais, creador de nuevas tendencias en Estados Unidos partiendo de la influencia de sus dos lugares de origen: el ballet ruso y el expresionista baile alemán.
Como era obvio, cuando regresó a España, Mario Maya era un privilegiado. En su extensa formación figuraba el más innovador caracter vanguardista, y una serie de escuelas que hacían de su caracter artístico una personalidad única con un gran potencial para el futuro. Con su esposa Carmen Mora y El Güito, otro discípulo directo de Doña Pilar, formó entonces el exitoso Trío Madrid, que después de triunfar en el madrileño tablao Torres Bermejas, realizaría bastantes visitas a diferentes países.
Después, comenzaría su principal trayectoria como coreógrafo. "Camelamos naquerar", "Diálogo del Amargo", o "Requiem" entre otros ya son hechos constatables e históricos para el flamenco. Hasta sus últimos días continuó su labor creativa y didáctica, hasta el último momento se abordaron los proyectos. En una lluviosa mañana de septiembre se fue a un lugar lejano, junto a su maestra Doña Pilar, el imprescindible Vicente Escudero, su compañero Antonio Gades... Descanse en paz.
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