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* por Manuel Moraga
El flamenco, un traje a medida
Desde que me pusieron mi primer traje de flamenca con unos tres años me encontré en mi sitio. Nunca he querido dedicarme a otra profesión. Debuté con doce años en el cuadro flamenco de Pilar Carmona. Me pusieron una bata de cola por primera vez en mi vida y caí de espaldas y bailando por Fandangos de Huelva. Sabía entrar pero no sabía irme, hasta que el cantaor tuvo que coger y sacarme del escenario: no sabia salir.
Pocos maestros, mucha tenacidad
Curse mis estudios en el Conservatorio de Málaga, pero en el flamenco -que es mi especialidad- no tuve ningún maestro. He tomado clases con muchos profesionales pero siempre de poca duración, pero mi gran maestro ha sido el escenario -donde me hecho a mi misma como bailaora y como persona- y esa tenacidad y disciplina que tengo para el trabajo. Y, desde luego, haber trabajado al lado de ese pedazo de guitarrista que era Juan Maya “Marote” con el que aprendí lo que el flamenco iba a ser mi vida.
Espejo poliédrico
Admiro a los ídolos de todos los que nos gustan el flamenco, pero también hay grandes desconocidos del público que son galácticos de verdad: la diosa que es Manuela Carrasco (el baile flamenco por derecho), Eva La Yerbabuena (es una maravilla verla de bailar y un ejemplo a seguir), Sara Baras (verla de zapatear es como ver las olas del mar romper con fuerza, tronío y musicalidad en la orilla de ese Cádiz tan flamenco)… Y en los hombres esta Rafael de Carmen (que es el galáctico por excelencia), Farruquito (el arte personificado en hombre), Israel Galván (genio aún incomprendido por algunos) y tantos y tantos nombres más que no me cansaría de mencionar.
Reflejo flamenco
Intento que mi forma de bailar sea lo más flamenca posible, pero también intento buscar en mi baile formas contemporáneas al movimiento del cuerpo ya que me encanta el trabajo corporal. Mi baile tiene mucho de improvisación porque sin ella seria una cosa muy monótona: es un intercambio rápido de ideas de pellizcos con la gente de atrás, es una pregunta y una respuesta con los músicos. Es un coloquio entre todos y salen momentos maravillosos.
Sombra y luz
Mi peor momento lo pasé cuando me diagnosticaron una hernia discal y me dijeron que me olvidase de seguir bailando. No hice caso y luché por bailar. De momento he ganado la batalla. El flamenco me ha dado todas las satisfacciones del mundo, tanto cuando bailo como cuando veo bailar. No puedo transmitir con palabras lo que siento. Me considero una persona feliz y bailaré hasta que mi cuerpo aguante y el público me lo permita. Y cuando no me lo permita me dará igual, me meteré en mi estudio y seguiré disfrutando.
Saldo positivo
La flamenco le debo todo: mi forma de vivir y de sentir, el ser una persona plenamente feliz, el conocer gente maravillosa como mis bailaores/as y mis mejores amigos, el conocer sitios del mundo y sus gentes y, por supuesto, el estar con un hombre y con un artista maravilloso que es Curro de María, mi pareja. |